El Acecho

(Hoy, revisando viejas gavetas llenas de olvido y olorosas a nostalgias, encontré este cuento, que escribí cuando tenia dieciséis años.. Espero lo disfruten.)

 

 

Creo que esa noche habíamos debido demasiado; Era viernes, y nuestra oportunidad de pasar una verdadera noche de farra me sedujo. La voluntad flaquea cuando se tiene el fin de semana libre a tu puerta y un amigo como Felipe a tu lado…

   Nos conocimos hace años, en un simple y humilde departamento de un bufete gubernamental; Éramos dos abogados novatos, que tratábamos, como pescadores hambrientos de conseguir trabajo como diera lugar.

   Felipe fue, desde que lo conocí, gran conversador. Alegre, amable, adulador y mujeriego, fue siempre quien conseguía los clientes que nos sacaban de apuro. Ahora, admito que desde que lo conocí, le tenía una extraña mezcla de envidia y temor. Yo fui su antitesis; para propio y extraños no les sonaba mal el llamarnos “claroscuro”

   A pesar de ser tan distintos, nos profesábamos gran cariño, y sobre todo, respeto. Admiraba de Felipe su personalidad, a su vez, el dependía de mi organización, y de mi sentido de la mesura y coherencia; Así, juntos, el tiempo nos alcanzo, y así nos sorprendieron 20 años de amistad, miles de casos legales, dos matrimonios y dos divorcios en mi haber.

 A pesar de los años, Felipe seguía, en el estricto sentido de la palabra, siendo el mismo. Aunque por diversos motivos no nos seguíamos viendo con la misma frecuencia, notaba como no el no había cambiado; Seguía siendo la misma persona brillante, perfecta… así como lo era su cuerpo, el cual recordaba con el mismo que conocí hace 20 años atrás.. Pero, ¿Cómo era posible? Esto me provocaba estupor… ¿Cómo podía mantenerse en tan buena forma después de dos décadas?

       Esa noche, frente a la copa de vino que me seducía con su aroma, en este viernes de farra,  esos eran los pensamientos que me asaltaban, frente a un anfitrión que había engañado a la vejez…  Estuvimos en los mejores lugares de la ciudad, me abandone a en embriagador sabor el vino hasta que tomo mi conciencia..

     Llegue a casa gracias a la pericia que solo puede tener el buen tomador. Mi cama vacía, acompañada del retrato de mi hijo y de la arpía que decía amarme, esperaba por mí. Me abandoné a los vapores del alcohol, pero de pronto, los fuertes golpes en la puerta de mi casa me sobresaltaron.

    Fui dando tumbos hacia la puerta, los golpes eran continuos, desesperados, como quien tocase estuviese lleno de terror. Abrí la puerta, y ante mi vi. el rostro desfigurado de Felipe.

         AYUDAME! Me persigue….. creía que me había deshecho de el.. pero me

       Equivoque!

    Yo estaba aturdido por el licor y la sorpresa, Felipe hablaba demasiado rápido.. Al ver que no reaccionaba corrió, como quien estuviese escapando de la muerte…

        Entonces, de la oscuridad, salio de la nada una figura, se dirijo con paso firme hacia donde Felipe Huía. Era un hombre desgarbado, cuya horrible apariencia recordaba a un demente. En su cara se dibujaba una expresión fría, de decidida venganza.. Paso muy cerca de mi, y entonces, al ver su rostro, tuve la terrible sensación de reconocer esa cara… ese rostro perverso, de alma pútrida, era el rostro de Felipe.

   Cerré la puerta rápidamente y apoye mi espalda sobre ella… mi corazón latía fuertemente…. La sensación de pánico nublo mis sentidos… era Felipe quien huía de si… mi mente confusa cayo en la inconciencia, al escuchar, lejano, el ahogado grito de mi amigo..

     La luz segadora del sol me despertó a la mañana siguiente. Trate de localizar a Felipe, pero fue en vano. Los días pasaron raudos, y mi angustia quedo sepultada bajo el peso de la cotidianidad.

      Un día, para mi sorpresa, tropecé con Felipe en el centro de la ciudad. Mi euforia fue aplacada por su fría cordialidad al saludarme.  Estreche su mano gélida, y tras su mirada, solo pude encontrar vaciedad.

     Entable una animada conversación. Tal como estaba acostumbrado, Felipe respondió cortes y evasivamente.  Le referí los extraños acontecimientos de nuestro ultimo encuentro, el cual no recordó y prefirió restarle importancia. Sin embargo, al final de una conversación forzada de una amistad agonizante, tuve la terrible sensación que Felipe sabia perfectamente lo que había ocurrido… y que quien conversaba conmigo en ese instante no era quien había tocado mi puerta aquella noche…

    Mientras observaba a Felipe alejarse entre la multitud, tuve una horrible visión que aun me sobrecoge. El cuerpo de Felipe desaparecía, para ocupar su lugar un ser repugnante, oscuro y sucio. Tuve la sensación , desde lo mas profundo de mi ser, que, en ese momento, en esa visión, estaba todo lo sucio, todo lo oscuro de Felipe. 

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Una respuesta a El Acecho

  1. Jose dijo:

    Me gusto el cuento para variar….

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