Telmo Romero… El primer Psiquiatra Humanista de Venezuela?

 Últimamente me ha costado escribir… Tal vez la realidad que vivimos hace que quiera refugiarme en una modorra mental que me permita evadirme un poco de la realidad.
Sin embargo, nuestro recorrido al calvario, en días pasados, me hizo recordar que nuestra realidad guarda, a veces, una curiosa similitud con el pasado. Mientras recordábamos a Joaquin Crespo y su mandato, es inevitable para mi traer a colación a la curiosa figura de Telmo Romero.
Tal como ha ocurrido en tiempos modernos, no es necesario tener grandes virtudes para alcanzar el éxito y la notoriedad, si no todo lo contrario. Telmo Romero llego a las más altas esferas políticas, a obtener los más altos reconocimientos, a escribir un libro que llego a estar en las casas de casi todos los venezolanos y, por poco, a ser rector de la universidad central de Venezuela… Todo ello sin tener la mas mínima preparación académica.

Nacido a mediados de 1846, gana su notoriedad al salvar al hijo del General Crespo de una enfermedad “incurable”. Yerbatero del profesión y charlatán por convicción, Telmo Romero se gana la total confianza del entonces presidente de la republica. Lo llaman “El iluminado” y otros, mas críticos, “el Rasputín venezolano”. Es así, como, valiéndose de sus influencias, Telmo Romero publica una recopilación de sus conocimientos “médicos” para que los mismos estén a la mano de todos los venezolanos: “El bien General”

Este libro, es un compendio de 200 páginas, que presenta recetas medicas como la siguiente:

“ Para Repeler el sueño: Colóquese en un litro de ginebra de Holanda un corazón de vampiro disecado y pulverizado; tómese luego del líquido tres onzas, cuando se quiera evitar el sueño de la primera noche; llevándose al efecto debajo del brazo izquierdo una bolsita que contenga un corazón de murciélago y quitándosela luego que no creyere necesaria”.

Asi mismo, promocionaba el maravilloso tónico “Aipiru” que, entre otras bondades, prometia devolver la firmeza a los senos caídos.

Como se habrán dado cuenta, este hombre era un magnifico empresario, que no perdió el sentido de la oportunidad. De hecho, hay un hecho aun más curioso, por el cual Telmo Romero pasara a la posteridad, fue el primer escritor venezolano, cuyos libros fueron quemados en público. Esto se debió a que, luego de regresar de estados unidos, donde le fue otorgado un dudoso reconocimiento por sus avances medicos, se hablo la posibilidad de otorgarle el titulo de rector de la universidad central de Venezuela. Ante tal aberracion, los estudiantes queman, a los pies de la estatua de Jose Maria Vargas, varios ejemplares de “El bien General”

La caída en desgracia de Telmo Romero ocurre al salir Joaquin Crespo del poder… moriría de tuberculosis en 1887.

Podríamos decir que el destino, se ha encargado de escribir por si misma la historia del Telmo Romero, sin embargo, quiero referirles un hecho curioso, que le da el merito de ser el primer psiquiatra “humanista” de Venezuela. Para ello, voy a citar al Dr. Manuel Matute en una entrevista realizada por la revista electrónica de la UCV “Vitae” en su numero 17:

“Romero fue nombrado director del Asilo de Enajenados Mentales de Los Teques (Edo. Miranda, norte de Venezuela) por el presidente de aquel momento, Joaquín Crespo.
“Cuando tomó posesión de aquello, lo más curioso es que le dijo al hombre que trabajaba como encargado del hospital: ‘aquí hay 80 pacientes; en poco tiempo ya tendremos curados 20 ó 30’ (…) Ahora, vean una cosa: Telmo Romero, a los dos meses, – él entró en julio de 1884, luego pasó agosto y septiembre – efectivamente mandó una carta a la Gobernación de Caracas participándole que ya 15 ó 20 pacientes estaban curados. Y no solamente, les dieron de alta, sino que hubo la ocurrencia de enviar desde Caracas dos médicos destacados, profesores de la universidad, a ver los pacientes que presentaba como curados. Fueron a Los Teques, los examinaron y en el informe quedó establecido y publicado en la Gaceta Oficial, que estaban curados. Después, al poco tiempo, dijo que tenía cinco más (…)”, indicó el psiquiatra y profesor al referirse a la labor de este personaje.
Ahora bien ¿cuál era el secreto de Romero para lograr semejantes resultados? Para Manuel Matute, la clave no se encontraba tanto en sus hierbas o fórmulas como en el constante contacto humano que este “curandero” logró establecer con los pacientes de aquel centro de atención. En tal sentido señaló que el antiguo director, Enrique Pérez Blanco, se limitaba a visitar el asilo sólo unas pocas veces a la semana – “unas dos o tres”, especificó –, lo que hacía de su trabajo como autoridad de aquel sitio, una actividad cumplida de manera irregular e ineficaz.
Todo lo contrario sucedió con Romero. “Muchos de esos pacientes corresponderían posiblemente a trastornos pertenecientes al campo de las neurosis, y esas personas no habían tenido nunca a nadie que estuviese conversando con ellas. Telmo, contrario a lo que hicieron otros, no iba una vez a la semana, sino que estaba ahí. Y esa presencia ahí fue fundamental. Para seleccionar 20 pacientes, tuvo que hablar con ellos, tuvo que estar cerca de ellos y eso te explica cómo al poco tiempo salieron curadas estas personas”, indicó el entrevistado.
Telmo Romero permaneció a cargo del asilo de enajenados de Los Teques hasta 1886, año en que Guzmán Blanco asumió nuevamente la presidencia de Venezuela. Mientras ejercía dicho cargo, este Jefe de Estado demostró una vez más su interés hacia el tema de la salud mental, pues en 1887, elaboró un decreto de 17 artículos, todos ellos referidos al enfermo y a la práctica médica psiquiátrica.
En este documento se estableció, entre otras cosas, que para poder ingresar a una persona a un centro de asistencia mental debía presentarse un certificado firmado por al menos dos médicos. Esta solicitud sigue vigente, de acuerdo con lo explicado por el profesor universitario. También quedó prohibido el uso de elementos de fuerza como grilletes, esposas de la época, camisas de fuerza de aquel entonces y otros elementos de represión. De hecho, Manuel Matute afirmó que muchos de los puntos que conformaban dicho decreto están contenidos en los actuales reglamentos hospitalarios sobre enfermos mentales.”

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