Hierro y Terciopelo, la mujer venezolana a finales del siglo XIX. (II Parte)

Imagen La emancipación de la mujer Venezolana viene de la mano con la educación; Ella utiliza la cultura como punta de lanza de una revolución que en las décadas siguientes provocará profundos cambios en nuestra sociedad.

Aquellas mujeres que vivían en la caracas del siglo XIX y tenían recursos, podían estudiar francés, aprender a tocar el piano y leer con interés los periódicos y folletines que se publicaban entonces. Muchas de ellas, utilizando seudónimos, escribieron brillantes artículos que fueron publicados en esos medios. En casa, se organizaban tertulias, y en ellas se comentaba discretamente pero con sabia crítica la vida política de un país convulsionado que, con tropiezos, entraría en la modernidad con el pasar de los años. Muchas de esas mujeres, vivieron lo suficiente  para ver estos vertiginosos tiempos, una de ellas fue, Zoila de Castro.

En la red es poco lo que podemos conseguir de esta primera dama de la república. Seguramente, trató de imitar el comportamiento de Ana Teresa de Blanco, una de sus predecesoras: Siempre muy discreta, casi permaneciendo a la sombra de su esposo.. y soportando sus infidelidades y comportamiento libertino.

Como opinan la mayoría de los historiadores, Zoila de Castro, ante la frustración de no poder concebir y la vida licenciosa de su marido, decide evadirse. Se sume en la lectura y en la práctica del tiro al blanco, algo bastante inusual en una mujer de su tiempo.

Se sabe que intervino en favor de los presos políticos del régimen y que tenía una visión objetiva del acontecer político nacional, por lo que sus opiniones eran respetadas y escuchadas por su esposo.
El le hace construir un hermoso palacio, el cual, hasta nuestros días, es conocido como “Villa Zoila” y hace traer al país, en 1907, uno de los primeros automóviles, cuyo chofer, Lucio Paul Morand, permanece al servicio de esta dama hasta su muerte, en 1952, lo que habla del vínculo de respeto y afecto que se establece entre ambos.

A Pesar de la marcada diferencia de edad  (12 años) y los desafueros de su marido, Zoila de Castro permanecerá a su lado hasta unos años antes de su muerte. Regresando del exilio, reclama ante el presidente en ejercicio, Juan Vicente Gómez, los derechos sobre las propiedades de su esposo, quien ordena que las mismas le sean reconocidas.

Un reclamo similar que no prosperó fue el de Jacinta de Crespo, una primera dama que tuvo una fuerte influencia en el destino del pais. Comprometida política y sentimentalmente con su esposo, su poder era tal que celebraba reuniones, trabajaba en proyectos del estado y también intercede por los presos políticos.  Después de la muerte de Joaquín Crespo queda profundamente afectada, y no tiene fuerza para luchar por defender los bienes de la familia, e incluso, es presa de varias demandas judiciales.

Precisamente, fueron las demandas judiciales las que hicieron que Teresa Carreño permaneciera durante un año en Venezuela, debido al incumplimiento de pagos después de una desastrosa temporada de ópera en 1887. Ella era una mujer de carácter inquebrantable, a tal punto que se nego a tocar siendo niña ante el presidente de los estados unidos, Abraham Lincoln porque el piano estaba desafinado. Sin embargo fue bastante desafortunada en el amor,tuvo dos matrimonios y varios amantes. Cuando llega al país, en 1887 invitada por el presidente Guzmán Blanco y acompañada de su segundo esposo, el barítono italiano Giovanni Tagliapietra y de su compañía de ópera, hay una predisposición de la sociedad Caraqueña a sus presentaciones.

Amenazas de muerte a Tagliapietra,la ausencia de los músicos y una baja asistencia a las funciones, marcaron los días de las presentaciones en el novísimo teatro “Guzmán Blanco” (hoy teatro municipal). En una de ellas, en las cuales faltó el director de la orquesta, Obligó a Teresa Carreño a ponerse al frente de la misma, convirtiéndose, por accidente, en la primera mujer que dirigiera una orquesta en el país.

Debido a la baja recaudación de la temporada que no permitió el pago salarial de los integrantes de la compañía de ópera, el tribunal de comercio del distrito federal retiene a Teresa Carreño. Finalmente, a finales de 1887 con ayuda del presidente Guzmán Blanco, las deudas serán canceladas y Teresa  saldrá del país para no volver.

Relacionadas por las circunstancias pero en distintos tiempos, estas mujeres sobresalieron por su temple y su decisión de hacer valer su opinión. Para la única de ellas que sobrevivió al arribo de los nuevos tiempos (Zoila de Castro) debió ser muy satisfactorio ver como la mujer venezolana alcanzaba uno de sus más preciados logros, el derecho al voto en 1946

 

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